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La Mejor Opción Para Generar El Cambio.

Como su nombre indica, el movimiento Slow lleva por bandera ‘el hacer lentamente’. Que requiere tiempo, que es cuidado y repara en el detalle.

Durante semanas veníamos escuchando la noticia de que un virus mortal estaba terminando con la vida de muchísimas personas a una velocidad de vértigo. China había ‘sido cerrada’ y Europa encendía todas las luces de alarma. Un enemigo invisible había llegado e iba a cambiar la vida de todos, quizá para siempre.

Se paró el tiempo y comprendimos la importancia de hacer bien las cosas

Era 20 de marzo de 2020 y Argentina, como muchos otros países habían hecho semanas antes, se cerraba al mundo.

El aislamiento obligatorio había empezado y Buenos Aires era una ciudad completamente diferente a la ciudad bulliciosa, poderosa y vivaz a la que había llegado ocho años atrás. Las tiendas del barrio estaban cerradas, los autobuses viajaban vacíos y la gente miraba por la ventana sin saber muy bien todavía lo que estaba pasando.

Y silencio, mucho silencio.

El tiempo se paró, y empezamos a replantearnos muchas cosas. La importancia de estar, de compartir, de disfrutar de lo que verdaderamente cuenta.

También en el modo de consumir empezaron a surgir preguntas para las que quizás no habíamos querido buscar respuestas antes.

El Slow Fashion no es algo nuevo, aunque esté resonando con más fuerza en los últimos años y la crisis del Covid haya marcado un punto de inflexión del que ya pareciera que no hay retorno.

El número de consumidores que toman decisiones cada vez más conscientes y prefieren invertir en propuestas sustentables, va en aumento.

Expertos y científicos hace rato que alzaron la voz para lanzar un mensaje muy claro: es ahora o nunca.

Cambiar los hábitos de consumo no es opcional, es urgente.

¿Sabías que la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo y que la producción textil a gran escala genera el 10% de todas las emisiones de carbono del planeta?.

No hace falta informarse demasiado para ver lo evidente: el slow fashion es la opción más sostenible, ecológica y ética para enfrentarnos al gran reto, que no es otro que el cuidar nuestro planeta de la forma más eficaz.

Pic by Markus Spiske

Slow Fashion y la hora del cambio

¿Te has preguntado alguna vez de dónde viene tu ropa?

¿Te has interesado en mirar la etiqueta de los últimos jeans que compraste para ver con qué fibras están hechos?

¿Has sentido la curiosidad de saber por cuántos procesos de producción ha pasado la falda que llevas antes de que la encuentres colgada en tu tienda favorita?

Qué tal si te digo que para hacer una camisa han intervenido (por lo menos) seis personas.

Son un montón de cosas que, quizá, nunca te hayas planteado.

No te culpes, yo tampoco me las planteaba hasta que un día tomé conciencia.

Aunque el concepto de moda slow nació en el 2007 de la mano de Kate Fletcher, profesora de Sostenibilidad, Diseño y Moda en el Centre for Sustainable Fashion de Londres, tragedias como la ocurrida en 2013 en Bangladesh, dejaron al desnudo a la industria de la moda.

 

El derrumbe ocurrido en el edificio Rana Plaza, donde se confeccionaban prendas en condiciones deplorables para importantes y reconocidas marcas occidentales, dio lugar al nacimiento de movimientos culturales, sociales y medioambientales como Fashion Revolution..

Son diez los puntos clave del manifiesto publicado por este movimiento global donde diseñadores, productores, trabajadores y consumidores se unen en sinergia para generar el gran cambio.

Permitir y propiciar el trabajo de las personas en condiciones dignas, siendo escuchadas, valoradas y respetadas a través de sueldos dignos y derechos laborales justos. Además, generar productos sin olvidar la importancia de crear una moda consciente que respete la vida animal así como el medio ambiente son algunas de las claves del texto.

El virus que puso el mundo del revés no perdonó a la industria de la moda

El año 2020 ha hecho mella también en el calendario. Frente a consumidores cada día más exigentes y comprometidos en reducir su impacto negativo en el medio ambiente, el mundo de la moda se ha visto obligado a reinventarse.

A raíz de la pandemia provocada por el Coronavirus, millones de negocios de todos los rubros no han encontrado otra alternativa que la de bajar sus persianas.

El retail no se ha salvado de la debacle y las marcas supervivientes han apretado el acelerador para mostrar su ‘versión más verde’. No es ninguna sorpresa ver como grandes marcas del fast fashion, ahora son líderes mundiales en el uso del algodón orgánico certificado.

No solo de buenas intenciones vive el hombre (y la mujer), y es por eso, que a veces el ‘lavado de cara’ de algunas marcas para mostrar su versión más amable, puede desembocar en lo que se conoce como greenwashing, o lo que es lo mismo: malas prácticas que llevan a cabo algunas empresas para presentar productos sostenibles cuando en realidad no lo son.

Pic by Wool'n'Wild
Pic by Wool'n'Wild

Algunos tips para sumarte a la revolución

Ahora bien, seamos sinceros. Llevar una vida totalmente ecológica no es tarea fácil.

Deshacerte de un día para otro de las costumbres y hábitos que te han acompañado toda tu vida posiblemente termine por trastornarte y llevarte al fracaso.

Y esa no es la idea.

La idea es aportar desde tu lugar, con pequeños gestos que mantenidos en el tiempo van a ayudar a hacer la diferencia y a generar el cambio.

Actualmente en el mundo de la moda, existen (cada vez más) marcas que utilizan fibras, tejidos y productos orgánicos en la producción de sus artículos. Además, la elaboración se lleva a cabo en talleres de proximidad y los artesanos, trabajadores y demás participantes del proceso de creación reciben un trato y un salario digno y sus derechos de ningún modo son vulnerados.

La propuesta de valor que representa a todas ellas es la economía circular, o como comúnmente se conoce, la filosofía de las RE: repensar, rediseñar, refabricar, reparar, redistribuir, reducir, reutilizar, reciclar y recuperar.

Marcas como Ananas-Anam, que utiliza el descarte de las hojas de piña para fabricar textiles o WAWWA Clothing, que utiliza fibras 100% recicladas de plásticos provenientes de los océanos, vienen pisando fuerte en los últimos años y son ya algunas de las marcas insignia del Slow Fashion.

Sin embargo, hay factores que hacen que muchas personas todavía no se animen o no conozcan este tipo de marcas o incluso la filosofía que las abandera.

Las encuestas de los últimos años muestran, que los principales motivos por los que los consumidores no se animan a adoptar hábitos más amigables con el medio ambiente son, la falta de opciones sostenibles a sus necesidades, la dificultad a la hora de encontrar información y el precio de los productos.

En definitiva, si tu caso es el anterior, puedes empezar aportando tu granito de arena apoyando a marcas artesanales, que utilicen insumos de proveedores locales, que inviertan en packaging reciclable y que fomenten el uso responsable de la ropa, el calzado o los accesorios en lugar de llamar a la compra compulsiva de productos de escaso valor, de materias primas de dudosa procedencia y que posiblemente no te duren más de una temporada.

Como dice mi madre, a veces lo barato sale caro.

La accesibilidad a las redes sociales nos facilita la tarea de saber cómo trabajan las marcas, ver quién hay detrás y saber quién hace, por ejemplo, tu ropa. El trato directo y cercano con el diseñador o productor es un valor agregado a tener en cuenta a la hora de hacer tus compras.

Pequeños gestos con resultados gigantes

Yo, desde mi lugar, y porque realmente creo que los pequeños gestos sí hacen la diferencia, en 2021 estoy dando un pasito adelante aportando más valor a mi propia marca y los clientes que la eligen.

Wool’n’Wild es una marca de accesorios artesanales que utiliza hilado argentino en la producción. Más allá de la moda y las tendencias el leit motiv ha sido siempre la atemporalidad, poder usar tu Wooln durante muchos años y que luzca como el primer día.

Y si eso no es posible porque el tiempo pasa para todos, y por muy buena que sea la confección y la calidad, la ropa también se resiente con el pasar de los años, este año lancé el Wool’n’Wild LAB La propuesta es darle una ‘segunda vida’ a tus accesorios. Reciclar en lugar de comprar cambiando los flecos, pompones o borlas de las bufandas o arreglar agujeros en el tejido entre otras cosas y así poder seguir utilizando las prendas.

Perooo... Como soy una persona muy aplicada, ya tengo mis propósitos de este nuevo año definidos. Uno de ellos es que Wool’n’Wild sea más sustentable, y por eso, voy a lanzar una línea 100% orgánica apoyando a marcas locales de hilados que utilicen tintes naturales y garanticen que la lana extraída de los animales sea 100% cruelty-free.

Y tú, ¿Te animas a sumarte a la revolución?.

Pic by Wool'n'Wild

Cristina Molina
Diseñadora en Wool’n Wild y copywriter

Cristina Molina

Cristina Molina

Diseñadora de Wool'n'Wild y copywriter

Visita Wool'n'Wild aquí

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. luciana

    Muy buena la nota, asi se colabora , aunque nos parezca una accion chiquitita , repercute e invita a otros a realizar acciones similares. Saludos!

  2. Clara

    Muy bueno este articulo!!!.. Es un gran tema para tomar conciencia de verdad!..

Comentarios